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"Dulce Patria": Historias y anécdotas de la música chilena es llevado al papel PDF
Jueves 13 de Abril de 2017 15:52


Congreso grabando un disco de cumbias para poder conseguir más horas de estudio, Joe Vasconcellos pidiendo prestada una camisa para una presentación en Sábados Gigantes o el sorpresivo encuentro entre Víctor Jara y el Pollo Fuentes. Todas estas son anécdotas presentes en Dulce Patria: Historias de la Música Chilena (Ediciones B), el primer libro del periodista especializado en música Mauricio Jürgensen, inspirado en los cientos de entrevistas que ha realizado desde que el año 2015 tomó la conducción de este espacio en Radio Cooperativa dedicado a la música chilena.

No es un anecdotario, tampoco es un texto académico y menos una serie de entrevistas, Dulce Patria, es un “híbrido”.  Así se lo definió la editorial al autor y, aunque en un principio le pareció un poco rara la clasificación, rápidamente le hizo sentido: “Igual hay tesis, me atrevo con algún ensayo y un poco de crónica, es como una mezcla. Si fuera sólo pregunta respuesta sería una lata y si fuera sólo crónica o ensayo, yo creo que también podría ser medio fome”, explica Jürgensen.

Una de las grandes características del texto es que tiene una potente y diversa curatoría de artistas y estilos que van desde Alberto Plaza a BBS Paranoicos, pasando por Villa Cariño a Germain de la Fuente. Sin ir más lejos, el pasado miércoles 12 de abril durante la presentación del libro, los ariqueños Manuel García y Américo interpretaron en conjunto “Una lágrima en la garganta” de Zalo Reyes.

Para Jürgensen, todos los músicos que están retratados en el libro representan una idiosincrasia musical y una manera de enfrentar el trabajo que finalmente define la geografía musical de esta Dulce Patria: “Siempre imaginé el libro como un humilde homenaje a la música chilena, a lo que significa ser músico en Chile y es una acercamiento desde lo histórico, desde lo anecdótico, desde esa historia que te puede conectar (…) desde el desprejuicio, desde la amplitud, sin querer decir ‘aquí está lo que merece ser contado’ yo creo que todo merece ser contado”, afirma.

 

¿Crees que uno de los grandes cambios generacionales en la música chilena tiene que ver con el desprejuicio en los oyentes y también de los músicos?

Hay ciertos temas que a mí siempre me interesaron, que de alguna manera los metí acá, porque son obsesiones mías como la “Otra Voz de los ‘80” (primer capítulo del libro) y el ninguneo a lo popular. Entonces a la hora de hacerlo dije “este es el momento de hacernos cargo de por qué miramos en menos la balada, por qué miramos en menos a la música tropical, por qué a fines de los ’60 la Nueva Canción miró en menos las expresiones populares”.  Lo que te quiero decir es que quizás hubo que construir identidad a partir de la oposición del otro.

De hecho, está ese hito del año ’85 la pelea en el Café del Cerro con Los Prisioneros y Gatti (Eduardo) que yo creo que es súper simbólica, más allá de la anécdota uno puede ver un país de fondo, bien fracturado y topado, se puede ver una generación que le está pidiendo a los más viejos que activen algo más potente, diciendo “tranquilo, nosotros hemos estado antes que ustedes ha sido súper rudo, porque nos han matado gente” ¿Cachai?

Yo sí creo que esta generación tiene menos prejuicios y puede citar con menos complicación referentes que antes no había cómo ponerlos. Me acuerdo que una vez Jorge González estaba lanzando uno de sus discos y decía “todos escuchan a Radiohead y yo estoy escuchando a Leo Dan”, yo lo leí y lo encontré pasado de onda, pero tenía razón porque en el fondo se estaba conectando con lo que nos comunica a nosotros y yo creo que el libro tiene que ver con eso.

¿Desmitificar el placer culpable?

Yo creo que no hay teoría más lamentable que esa, no puede haber culpa en el placer de lo que te gusta, menos en el placer de la música. Por eso es que entrevisté a Alberto Plaza y a Lucho Jara, hablé con Pablo Herrera y en el capítulo de la cumbia me animo a hacerle un guiño histórico a Miguel Barriga (Sexual Democracia), un gallo que siempre hemos mirado en menos. Nos reíamos un poco porque tenía canciones chiste, pero grabó una cumbia antes que nadie, cuando no estaba de moda, cuando ni siquiera se sabía cómo grabar una cumbia; y para mí esa historia habla de un país, una escena, de su propio cuento, pero también de un prejuicio bien instalado sobre ciertas cosas, por eso también está la historia del encuentro entre el Pollo Fuentes y Victor Jara.

También cuenta Miguel Barriga que en algunos locales emblemáticos de Santiago también los miraban en menos…

Más encima era de provincia, ese guiño también tiene algo especial, por eso también están las historias de Manuel García y Américo, que fueron los escogidos para presentarse en el lanzamiento del libro, tienen que ver también con historias de sacrificio, de construcción de identidad, pero también de gente que viene de afuera y con una escena que muchas veces se mira el ombligo acá en Santiago. No estoy descubriendo nada nuevo, el país está centralizado.

Escogí algunos personajes que sé que están fuera de la lectura oficial, pero entran para mí porque mi mirada sobre la música chilena en “Dulce Patria” y en el libro es súper amplia. Yo me siento a hablar con la Palmenia (Pizarro), con Alberto Plaza, con la misma seriedad con la que me siento con Álvaro España y que me cuenta su historia, porque puede que muchas de las inquietudes, muchos de los miedos, de los triunfos de cada uno de ellos, tienen mucho que ver porque son todos chilenos, independiente de la época y de lo que hacen e independiente de sus vidas, pero en el fondo es gente que ha hecho música popular en este país y eso para mí es suficiente.

A propósito de los dichos de Alex Anwandter, quien se cuestiona si quiere que lo recuerden como a los artistas de la Nueva Ola o la Nueva Canción Chilena, una de las interpretaciones que se puede extraer del libro es que la música chilena siempre ha estado en una constante lucha ¿Qué crees tú?

Más allá de tomar partido o no, yo celebro que esta generación se esté preguntando eso, me parece interesante (…) por eso en el capítulo del Nuevo Pop Chileno preferí hablar de los desafíos ¿dónde está? ¿Son populares? ¿Articularon un discurso propio? ¿Cómo se vinculan con las marcas? ¿Cómo se llevan entre ellos? ¿Es chica la escena? ¿Logra sustentarlos? Una de esas preguntas es la que se hace Alex Anwandter ¿seremos recordados como los que hicimos las canciones conocidas de la época o los que escribimos las canciones relevantes de nuestro tiempo? Me parece interesante que se lo pregunte, pero creo que también declara ciertas fronteras. En ánimo de defender una causa, va poniendo nuevos cercos. De hecho, confiesa que se “avergüenza” de sus canciones anteriores. 

Pasa también con Francisca Valenzuela, ella tiene un poco esta actitud como media ambivalente con su repertorio más antiguo, dice que quiere defender sus canciones nuevas que me parece súper bien, pero también es complejo cuando castigas el gusto popular a la gente que le gustan tus canciones antiguas y es como, perdón ¿cuántos músicos en Chile pueden decir que al público le gustan tus canciones? ¿Es algo que uno deba desestimar? (…) Yo creo que lo que le falta a la música chilena es tender más puentes, ha sido suficiente de construir identidad a través de la oposición. Hay ciertos mundos donde se da de manera más natural, como en el Hip Hop, a pesar que también hay cercos, pero al mismo tiempo hay más puntos en común y de algún modo el lanzamiento del libro con Américo y Manuel García quiere simbolizar un poco eso (…) eso es lo que tiene que empezar a pasar un poco en la música chilena, la unión.

Es interesante sentarse el 2017 a revisar episodios como el que cuenta Álvaro Henríquez sobre la primera Yein Fonda y lo distinto que era todo en 1996, que pareciera que no fue hace tanto tiempo.

En el fondo de las muchas cosas que uno podría hablar con él, fue como “Álvaro, hablemos del año 96, de la Yein Fonda, del Chile del 96” y, lo que él describe es un Chile que encontraba rasca subirle el volumen a la cueca, no se ponían banderas, nadie andaba con la camiseta de Chile.  

Ahora, la cueca también es el baile oficial, el baile patronal, entonces ¿cuáles son las cuecas que hay? Yo creo que eso también es súper interesante, porque representa una cosa social, la cueca patronal vestida, hacendada, la cueca de barrio urbana o chora. Yo creo que él también articula una buena tesis sobre eso y eso es interesante de leer. Sin tomar partido, sin defenderlo es interesante hablar con él desde ese lugar, una vez más es un acercamiento a algo que nos identifica, porque en el fondo esta conversación con el Álvaro Henríquez, probablemente la gente lo lee y dice “chucha, sí, como que nos daba lata la cueca, en realidad lo encontrábamos rasca y en realidad hace 30 años para el dieciocho nos íbamos a bailar pop latino” eso es lo que se hacía en las ramadas o en las “fiestas” dieciocheras y sí ha habido una identidad recuperada es en gran medida por lo que hizo él, lo que hace también Daniel Muñoz, cuando habla de enjaular la cueca y de hacerla nuestra.

El libro Dulce Patria: Historias de la Música Chilena de Ediciones B ya está disponible en librerías.